Una vez concluida la Conquista, Hernán Cortés se convirtió
en el primer gobernador y capitán general de Nueva España. En 1527 fue creada
la Real Audiencia de México, organismo que se encargaría de aplicar leyes y
administrar justicia, y en 1535 se introdujo la figura del virrey, el cual
gobernaría la colonia en nombre del rey.
El virreinato de Nueva España fue dividido en varios reinos
o provincias, en donde mandaban los gobernadores. Dentro de cada una de estas
divisiones territoriales había corregimientos, que gobernaban las ciudades, y
alcaldías mayores, encargadas de recaudar los impuestos. Por último, los
cabildos o ayuntamientos eran responsables de administrar los municipios.
En la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de
Carlos III, se introdujo en la metrópoli y en las colonias americanas una serie
de cambios, denominados “Reformas Borbónicas”. Dentro de este conjunto de
transformaciones destacó la creación en 1786 del régimen de intendencias,
mediante el cual se conseguía reducir el poder del virrey, la Audiencia, la
Iglesia y las autoridades locales. Asimismo, gracias a la introducción de la
figura del intendente, el rey lograba disminuir la corrupción que había surgido
en Nueva España desde el siglo XVII.
En cuanto a la sociedad de la Época Colonial en el
Virreinato de Nueva España, ésta se caracterizó por una fuerte división. Los
españoles peninsulares se encontraban en la cima de la misma, disfrutando del
gobierno y ostentando grandes riquezas. Por debajo de ellos se hallaban los
criollos (hijos de españoles nacidos en la colonia), quienes reclamaban su
participación en la administración y el gobierno. Los indígenas y los mestizos
(hijos de blancos e indios) ocupaban el escalón bajo en la jerarquía social,
careciendo de muchos derechos y privilegios. Finalmente, los negros formaban el
grupo más marginado de la sociedad virreinal.
Como consecuencia de esta fuerte división de la sociedad y
la discriminación por parte de los españoles hacia los otros grupos, estallaron
numerosos conflictos a lo largo de los 300 años que duró el periodo colonial en
México. Son importantes las diferentes manifestaciones y rebeliones que fueron
llevadas a cabo por los indígenas contra las autoridades españolas. Destacan
las protagonizadas por los pueblos yaqui, tarahumara y mayo en el norte y los
mayas en el sur. De la misma manera, con el paso del tiempo los criollos
desarrollaron un sentimiento patriótico americano y antiespañol, que
desembocaría en el estallido de la lucha por la independencia a principios del
siglo XIX.
CULTURALES:La cultura en el período colonial se caracterizó
por un fuerte proceso de europeización, no sólo en el ámbito de las artes sino
también en el del modo de vida. Los colonizadores trajeron al continente
americano tanto técnicas y estilos artísticos europeos, como costumbres y
tradiciones originarias de Europa. Sin embargo, muchas veces eso no supuso una
erradicación total de las antiguas culturas precolombinas, sino más bien una fusión
con éstas, dando origen a la actual cultura mexicana.
En el campo de la arquitectura se levantaron edificios
religiosos y civiles utilizando estilos como el gótico, el plateresco, el
barroco o el churrigueresco. Fueron construidos conventos, iglesias, catedrales
y palacios en prácticamente todas las ciudades coloniales importantes. Algunos
ejemplos de ellos son la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el
Palacio de Gobierno de Michoacán, la Catedral de Puebla y el Templo de Santa
Prisca en Taxco, entre muchos otros. Entre los arquitectos más importantes de
esta época destacaron los españoles Claudio de Arciniega y Juan Miguel de
Agüero.
La escultura, por su parte, se caracterizó por utilizar estilos como el
renacentista, gótico, barroco y churrigueresco para realizar trabajos sobre
piedra o madera. De especial importancia fue el uso del estofado, una técnica
consistente en cubrir las maderas con una capa de oro. La escultura de este
período se basó principalmente en la elaboración de retablos y estatuas de
fachadas, destacando el retablo principal y la fachada de la Catedral de
México, el Retablo Mayor de Huejotzingo y el retablo de San Bernardino de Siena
en Xochimilco.
Las figuras de mayor influencia en la escultura virreinal fueron los peninsulares
Jerónimo de Balbás y Manuel Tolsá. El primero fue autor del Retablo de los
Reyes de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, una obra de gran
interés artístico. Asimismo, este introdujo el estípite, una pilastra en forma
de pirámide truncada invertida que tiene la función de soporte. Por otro lado,
Manuel Tolsá elaboró la Estatua ecuestre de Carlos IV (“El Caballito”), el
Altar Mayor de la Catedral de Puebla y muchas otras obras, tanto escultóricas
como arquitectónicas.
En la pintura predominó la producción de retablos y retratos de temas
religiosos, los cuales emplearon los estilos renacentista y barroco. Entre los
pintores más importantes se encuentran el flamenco Simón Pereyns, autor del
retablo de Huejotzingo; el español Baltasar de Echave Orio, conocido por sus
pinturas de los retablos de Xochimilco y Tlatelolco; y los novohispanos
Cristóbal de Villalpando, cuyas obras más significantes son las cuatro pinturas
en la Catedral de México y la decoración de la cúpula del Altar de los Reyes de
la Catedral de Puebla; y Miguel Cabrera, cuyo trabajo más destacado fue el
Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz.
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